27 ago. 2012

Jan Europa - Mi amigo Luis fué mi modelo para David Mcintire

Más que una anécdota, esta es la explicación de cómo puede surgir un personaje. Cuando yo era un chiquillo de seis años venía a mi casa Luis Yütte, un amigo de mis padres alemán, que a pesar de su nacionalidad era el jefe del espionaje aliado en España. Había conocido a mis padres durante la guerra civil, pues vino a luchar a favor de la republica, y durante la segunda guerra mundial se presentaba en casa, de vez en cuando, me sentaba sobre sus rodillas y me explicaba fabulosas historias de espionaje que yo escuchaba maravillado. Naturalmente lo hacia como sí me explicara un cuento y yo le adoraba. No era en absoluto tal como imaginamos a los espías, o vemos representados en el cine: era un tipo bajito, delgado, con el pelo blanco, un rostro muy parecido al de Alec Guines, el actor, y con un acusado acento alemán. Supongo que por esto no consiguieron pillarle nunca aquí, en España: ¿Quién podía imaginar que el mejor espía aliado fuera un alemán?
Una de esas historias, por ejemplo, fue cuando le encargaron encontrar y ejecutar al jefe del espionaje alemán. Al mismo tiempo, a este último le hicieron el mismo encargo, pero naturalmente se trataba de eliminar al jefe del espionaje aliado, o sea Luis. Se encontraron en Lisboa, en el mismo hotel, y como que había escasez de habitaciones llegaron a dormir ambos en la misma cámara. Se vigilaron mutuamente durante algún tiempo, hasta que un día Luis le dijo a su enemigo: “Tu y yo sabemos quienes somos y porqué estamos aquí: Te he tomado aprecio, creo que estas equivocado, pero a tu manera eres un idealista como yo: No puedo matarte, voy a marcharme y diré que no he podido encontrarte”. Se separaron y ambos dieron esta versión a sus jefes.
Como esta yo conocía muchas historias que ahora sería demasiado largo contar; pero cuando la segunda guerra mundial terminó, daban por radio un programa que trataba sobre actos de espionaje, que casi siempre yo ya conocía, y dejaba asombrados a mis amigos explicándoles el final mucho antes de que terminara la narración.
David, el amigo de Jan en las historias que escribí, no era otro que Luis, el héroe de mi infancia.
Explicaré tan solo otra de estas experiencias vividas, que luego me inspiraron alguna de las historias que dibuje. La organización que Luis dirigía se dedicaba, también, a ayudar a cruzar la frontera por los Pirineos a fugitivos de los nazis: judíos, pilotos evadidos, etc. Una vez se presento en casa con un coronel de los “maquis” y les pidió a mis padres que lo ocultaran. Pocos días después le avisaron que la policía estaba tras él y que no tardarían en venir a buscarle: el coronel se marchó y poco después llegó la policía para hacer un registro. Mi madre guardaba unos documentos de Luis que milagrosamente no encontraron y, cuando los inspectores se marcharon, los ocultó bajo su ropa y salimos de casa para reunirnos con Luis. Vivíamos en un edificio de la calle Balmes y uno de los policías que hizo el registro nos siguió hasta un conocido bar en la esquina de Gran Vía con Urgel: Allí nos esperaba Luis y, sentado en una mesa cerca de él, estaba otro tipo. En cuanto mi madre y yo nos sentamos, Luis se levantó y entablo conversación con aquel hombre con alguna excusa que comprenderéis que no recuerde. Poco después aquel caballero estaba sentado con nosotros. Era el jefe superior de policía de Barcelona, y cuando el inspector que nos había seguido nos vio sentados con él, se marcho rápidamente. Poco después, Luis había convencido a aquel hombre de que conocía al hombre que estaban buscando, (que era él mismo, en realidad) y le dio una descripción completamente opuesta a como era él. Cuando el inspector jefe se marchó, mi madre le dio los documentos que llevaba ocultos: planos de la situación de las tropas alemanas en la costa de Normandia, que poco después utilizaron los aliados el famoso día D.
Cuando Luis murió, yo tenía catorce o quince años. Al terminar la guerra él siguió viviendo en Barcelona pues su esposa, en Alemania, le creía muerto, se había vuelto a casar y el no quiso deshacer su vida. Hasta el ultimo día durmió con la pistola bajo la almohada.

4 comentarios:

  1. Estimado maestro. Le felicito por el blog. Lo consultaré a menudo. Si me permite, le diré que sigo su trabajo con mucho cariño y admiración. En el tercer tomo de Jan Europa que publicó Glénat, se decía que usted tenía tres guiones de Jan Europa inéditos. ¿Habría alguna posibilidad de que los dibujara y los publicara? Muchos aficionados a este personaje estaríamos encantados de ver nuevas aventuras de Jan. Un saludo desde Tenerife. Pastor Díaz.

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  2. Estimado amigo. Realmente tengo escritos tres guiones nuevos (esto de "nuevos" es un decir porqué los escribí en aquella época). No se si llegaré a publicarlos pues las cosas están mal con la crisis. De todos modos me alegra que alguien se scuerde todavia y lo diga. Saber esto hará que piense más en llegar a dibujarlos.
    Un abrazo y gracias.

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  3. http://algoquesepareceacine.blogspot.com.es/2012/09/los-mas-jovenes-no-lo-recordareis.html

    Señor Edmond
    Usted marcó y dejó huella con su Jan Europa. En mi infancia y adolescencia estaba muy presente.
    En este enlace a mi blog en el que le dediqué un post a su personaje.

    Un saludo de un admirador.
    Daniel León Lacave

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    1. Me alegra saber que todavía os acordáis de Jan Europa. Yo lo hice con mucho cariño y ganas. Y los lectores de Tenerífe recordaréis que una de las historias termina precisamente en el Teide.
      Gracias por ponerme en tu blog, que he visto y apreciado.
      Un abrazo. Edmond

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